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En tiempos de la llegada de los conquistadores por estas regiones, era jefe de las provincias aborígenes con asiento en las zonas de San Ignacio, Buen Retiro y Los Pencales, el Cacique Balata.

Según el relato sucesorio y de reparto de tierras entre los colonizadores hispanos, los parajes conocidos como "Hequexaques", "Lavaputos", "Machapo" y "Pinabac" - en lengua indígena - dado que "no eran sembradas por sus primigenios pobladores", fueron dados en merced el 30 de octubre de 1585 por Juan de Burgos, teniente gobernador de Córdoba, a los cinco hijos del capitán Bartolomé Jaime (Diego, Miguel, Alonso e Isabel González, y Marina Sánchez).

En fecha posterior a 1619 - pero que no se ha podido corroborar con exactitud - el ya presbítero Alonso González Jaime vendió su parte al capitán Jerónimo de Quevedo (1590-1668), quien formó en esas parcelas una estancia a la que llamó San Jerónimo.

Luego, el mismo capitán adquirió con fecha 13 de agosto de 1633 algunas tierras vecinas, anteriormente llamadas "San Francisco del Valle de Punilla", y que antes de pasar por otros titulares, habían pertenecido a las hermanas Jaime.

Por su parte, el capitán Miguel González Jaime - el restante hijo del comandante español - conservó en su poder el sector norte de la merced, donde levantó la estancia "Nuestra Señora del Rosario", que más tarde pasó a denominarse "Nuestra Señora de la Concepción", nombre que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII fue sustituido por el de "Nuestra Señora de los Dolores".

Regresando a la extensa propiedad de Jerónimo de Quevedo, debe mencionarse que, bajo su administración, la explotación de la misma fue muy próspera, lo que quedaba evidenciado en la importante cantidad de cabezas de ganado y de plantaciones de frutales que poseía.

Paralelamente, antes de 1642, encaró la construcción de una capilla, que para algunos sería la "antigua" de San Roque, ubicada en los alrededores del Buen Retiro. A su muerte, en 1668, el establecimiento de campo fue dividido en dos partes, la del oriente (Potrero de San Jerónimo) pasó a manos de Juan de Quevedo, y la del occidente (del bajo o Estancia San Jerónimo) a manos de Antonia del Quevedo, quien estaba casada con el Capitán Luciano de Ceballos (1622-1687). Este último había adquirido, por su parte, el 10 de abril de 1654 la antes nombrada estancia de Nuestra Señora del Rosario.

De este modo, nuevamente quedaba unida la totalidad de la antigua merced de 1585, al ser propiedad del matrimonio compuesto por Antonia de Quevedo y Luciano de Ceballos. Pero, una vez más se dividiría al pasar una fracción de la misma a disposición del hijo de esa unión, el capitán Antonio de Ceballos (1646-1719). Tiempo después esa área, denominada "San Jerónimo" fue entregada por Ceballos en dote a su hija Ursula, al momento de casarse con Antonio de Garay.

A estos los heredó su hija María Josefa de Garay y Ceballos quien contrajo enlace con Diego Bustos y Albornoz.

Luego, el límite del arroyo fue la convención divisoria para la nueva sucesión practicada por María Josefa Bustos (el centro de la propiedad) que después vendió a José Zapata (1767), y Antonio Bustos (las tierras ubicadas al norte).

Esta última posesión, con el nombre de "La Aguadita de San Jerónimo" pasó del matrimonio entre María Lucía Bustos y Roque Olmos a su hijo José Manuel 0lmos.
Posteriormente, la estancia fue otorgada a la hija de José Manuel y Gregoria Olmos, Doña Petrona Olmos, fundadora de la actual Capilla de San Roque (1898).

Ya hacia fines del siglo XIX y principios del XX, se encuentran entre los grandes propietarios de tierras en la zona, Gregoria Iglesias de Zapata (1886), el Conde de la Casa de Orleans, Henry de Boucherville (1897), Juan Brooks Pea (1900) y Roberto Runciman (1921).

De 1890 data la primera escuela del lugar. En tanto, según el relato de algunos, para 1892 cuando pasa el ferrocarril, el pueblo ya tenía una incipiente formación. Al respecto, debe aclararse que, La Cumbre debe su nombre presumiblemente a la empresa que construía el ramal ferroviario Cosquín - Cruz del Eje, por ser el punto más alto de su recorrido, y también actuar como divisorio de aguas de la región.

La primera municipalidad fue creada en 1916, en base a la ley 2.389, siendo su intendente José Sanguinetti, quien tenía a su cargo el matadero del pueblo. Alrededor de la década del 20 se produjo una importante instalación de familias inglesas, que aportarán a la zona su porte señorial, manifestado en su arquitectura europea, lo cual en cierta forma marcará un contraste con las genuinas tradiciones criollas, presentes desde los tiempos inmemoriales en los dinámicos establecimientos campestres que existieron en la región.


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