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La historia antigua de Los Cocos comienza poco después de la fundación de Córdoba. Jerónimo Luis de Cabrera, el fundador, premió a uno de sus hombres, Bartolomé Jaime, con una merced de tierras en el norte del valle de Punilla, hacia los últimos años del siglo XVI.
La zona estaba densamente poblada por aborígenes, los comechingones, quienes vivían en singulares casas semienterradas y en cuevas de la sierra; sus pequeños pueblos, constituidos por familiares, respondían a un jefe regional; cultivaban la tierra en los valles y quebradas, y su carácter pacifico permitió que quedaran sojuzgados al poder de los conquistadores sin ofrecer resistencia. De los 60.000 comechingones existentes, en menos de 200 años sólo quedaban unos 500 y hoy, prácticamente sólo hay escasos descendientes de ellos.
La primitiva merced de Jaime, origen de las antiguas estancias de la zona (San Gerónimo, San Roque, San Ignacio, San Antonio), sufrió sucesivas divisiones entre sus descendientes, hasta que el 26 de abril de 1711, el capitán Antonio de Ceballos y Quevedo entrega en dote matrimonial a su hija Catalina, la «estancia de Los Cocos», cuyos limites incluían también a lo que es hoy Cruz Grande y Cruz Chica.
La historia moderna empieza a principios de este siglo, cuando los descendientes de aquellos Ceballos comienzan a vender lotes en los restos de la antigua estancia. Familias inglesas levantan sus mansiones y se inaugura el primer hotel, «Los Molles», en 1909.
Lugar privilegiado por su belleza y tranquilidad, Los Cocos tuvo un crecimiento racional y equilibrado, llegando a contar con 2000 habitantes estables y numerosos establecimientos hoteleros, en su momento de mayor auge turístico, en las décadas del 50 y 60. Hoy, sigue siendo privilegiado lugar de descanso en las sierras cordobesas.

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