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ESTANCIA JESUITICA DE SANTA CATALINA Siglos XVII y XVIII
Pedanía Río Quinto, Departamento Totoral.

 

 

 

 

 

 

Las tierras fueron compradas en 1622 por la Compañía de Jesús. Esta fue la más importante de las estancias jesuíticas en Córdoba; contaba con talleres, viviendas, el noviciado, el cementerio, un tajamar cuyas obras se iniciaron en 1656 y la iglesia, levantada entre 1754 y 1760 por el Hermano Antonio Harls, de origen bávaro. En 1774, ya expulsados los jesuitas, la Junta de Temporalidades vendió la estancia al Alcalde Ordinario de Primer Voto de la ciudad de Córdoba, don Francisco Antonio Díaz, quien compró la propiedad con todos sus edificios, hacienda y esclavos. Hoy pertenece a su larga descendencia.
Santa Catalina es el mejor exponente de la distribución clásica de las estancias jesuíticas, con la iglesia, que por su carácter y proporciones define la imagen del conjunto. A su izquierda se ubica el cementerio, y a su derecha, las dependencias conventuales; al norte se levanta la huerta y a continuación, el frente del caserío. Don Francisco Antonio Díaz completó las obras de los jesuitas, construyendo los claustros del patio principal con muros de piedra y cubiertas de tejas musleras, algunas habitaciones, y las galerías y piezas sobre el patio de la huerta. En la iglesia, abierta a un vasto espacio exterior, con un atrio sobreelevado enmarcado por una amplia y grácil escalera, conviven armónicamente los volúmenes típicos de la arquitectura castellana y las líneas del barroco bávaro, representado en la magnífica fachada. La nave única exhibe un interesante retablo tallado y dorado a la hoja, altares laterales de mampostería en estilo rococó, y el púlpito de madera de algarrobo. En el cementerio, cuyo portal de acceso es también de factura barroca, está enterrado el eximio músico Doménico Zípoli, S. J., que pasó los últimos años de su vida en Santa Catalina.


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