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A 16 Km de La Quiaca, por ruta asfaltada, y en la limpidez de su cielo, el bronce y el oro constituyeron sin duda el histórico pueblo de Yavi, verdadero oasis en la aridez puneña. El pueblo está hoy parcialmente despoblado, sus casas son de adobe, con típicos techos de cañas, barro y paja, adecuado abrigo para las heladas noches puneñas.
Mercedes Reales
La tierra fue fácilmente accesible a los pioneros de la conquista y colonización. Las encomiendas permitían el aprovechamiento de la mano de obra indígena. En 1647, Pablo Bernárdez de Ovando, instala su residencia en Yavi, sobre la ruta tradicional al Alto Perú, para dirigir desde allí sus vastas posesiones que se extendían desde Tarija (Bolivia) hasta Tucumán. Antes de instalar su residencia en Yavi, ya era titular de la encomienda de Casabindo y Cochinoca e importante estanciero abastecedor de ganado al mercado del Alto Perú, que con su población indígena y sus minas de plata, era centro importantísimo de la economía colonial. Testimonio de este tráfico intenso, en las adyacencias de la Casa del Marqués, se alza un imponente montículo de cenizas de animales, probablemente incineradas como único medio de acabar con alguna peste de la época.
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