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Rafting en Aluminé
Duración: 3 hs
Atractivos: Bajada del río por un paisaje típico de los que corren en la transición del bosque Andino Patagónico y la estepa patagónica.
Período: Verano
Duración total: todo el día
A pocos kilómetros de Junín de los Andes (apenas 100km) y a 140 de San Martín , se halla Aluminé. Es una localidad que aun conserva todo el encanto de los pueblos de montaña, enmarcada por la cordillera y rodeada de bosques y pedreros y poblada por gente que ha hecho de la cordialidad un culto. Allí no ha llegado el ruido, la polución ni el caos que acerca el mal llamado progreso.
Por sus puertas transcurre el río que le da su nombre , Aluminé. Es uno de los más caudalosos de la provincia, alimentado por el Quillén, el Pilo-Lil y el Nahuel Mapi, entre otros, llega con sus aguas hasta el Collón Cura, donde todas las bellezas parecieran haberse dado cita para deslumbrar al visitante. Suaves cordilleras con el imponente marco de los Andes, lagos y ríos que invitan a la pesca y un microclima acogedor complementan el sitio ideal para el turista más exigente.
Y a orillas del río, el guía nos da una breve charla explicando como manejarnos con las ordenes de navegación, como por ejemplo: los de la derecha atrás, adelante, todos juntos, izquierda adelante o agarrarse fuerte. Apenas nos subimos al gomón, una vez echado al río, comienza un sube y baja en medio de las olas, como para dejarnos en claro quien manda. La fuerza de empuje hace que los remos los utilicemos solo en maniobras de corrección de rumbo. Tambien comprendemos la importancia de los elementos protectores, casco, chaleco, amarras y la utilidad de habernos llevado una muda de ropa seca.
Los rápidos los vamos pasando con más impresión que efectivo peligro, los sorteamos esquivando grandes rocas y piedras que sobresalen de las turbulentas aguas. Indefectiblmente, luego de cada uno de ellos llegan los tranquilos remansos que permiten vislumbrar profundos pozones.
Concluida nuestra bajada, buscamos la sombra reparadora de alguno de los tantos sauces que predominan en el lugar de desembarco, donde nos daremos una gran banquete.
El chofer, que esta vez nos devuelve a Junin de los Andes, quizá no entienda la extraña alegría de nuestros rostros cansados.
Las imágenes nos golpean. Los paisajes se suceden como en un frenético video clip y una y otra vez terminamos el viaje mentalmente.
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