|
La ciudad se levanta a orillas de la desembocadura del Río Gallegos y es la última escala antes de emprender un viaje a la isla del fin del mundo.
Dentro de la ciudad se destaca su renovado paseo de la costanera, y una gran oferta de museos y actividades culturales. Además la imponente catedral construida por indígenas a principios del siglo pasado es digna de ser visitada.
En el lugar donde se unen los ríos Chico y Gallegos, la Reserva Costera
Municipal alberga una variada cantidad de avifauna típica de la región.
La reserva es un estuario formado por superficies intermareales fangosas y marismas, que son utilizadas por miles de aves, tanto residentes como migratorias, como fuente de alimento y de descanso.
En este lugar hay especies de aves playeras migratorias que unen ambos hemisferios en sus vuelos estacionales, entre las que se destacan el Playero Rojizo y la Becasa de Mar. Por su parte el Ostrero Austral y el Chorlito Ceniciento son aves típicas este extremo de la Patagonia y viven permanentemente allí.
Además el viento y las aguas tallaron en los alrededores increíbles formaciones que le dan un toque muy pintoresco a la naturaleza del lugar.
Camino a Chile cerca del puesto fronterizo de Monte Aymond, el marco de un fabuloso paisaje de orígenes volcánicos es realzado por la imponente Laguna Azul. Sus aguas de intensa coloración, precisamente descansan en lo que alguna vez fue el cráter de un volcán.
El faro de Cabo Vírgenes es la puerta de entrada al Estrecho de Magallanes y a su vez la última escala de la Argentina continental. Allí cerca una de las pingüineras más grandes de América Latina alberga a una comunidad de unos 180 mil pingüinos magallánicos.
El camino que llega a Cabo Vírgenes esta rodeado de estancias centenarias, que alguna vez pertenecieron a los primeros criadores de ovejas, actividad que marcó gran parte de la economía del lugar.

|